El Consejo Mundial del Viaje y el Turismo (WTTC) calcula que el conflicto con Irán está provocando pérdidas diarias de hasta 600 millones de dólares para el turismo.

Una parte de ese impacto acaba trasladándose al viajero en forma de trayectos más caros, más largos y más inciertos.

En todo el sector turístico, la guerra en Oriente Medio no solo está interrumpiendo los viajes a destinos afectados por el conflicto, sino que también está afectando a las rutas aéreas, elevando los costes, generando una crisis energética, modificando el comportamiento de los viajeros y ejerciendo presión sobre las empresas turísticas mucho más allá de la propia región.

En Petra (Jordania), una de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo, se han reportado mínimos históricos en la llegada de visitantes debido a la escalada bélica. Aunque el sitio arqueológico no ha sufrido daños directos, la interceptación de proyectiles sobre espacio aéreo jordano y la caída de restos en diversas provincias han disuadido al turismo internacional. Aerolíneas como Ryanair han cancelado rutas hacia este destino.

En el mismo sentido, el Taj Mahal (India)- una de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo y otras maravillas de Asia, son afectadas por este conflicto bélico aunque se encuentran fuera de la zona de combate. El cierre del espacio aéreo en el corredor del Golfo obliga a las aerolíneas a tomar rutas más largas, lo que aumenta significativamente el precio de los pasajes y el tiempo de vuelo para los turistas que viajan desde Occidente.

Además, el encarecimiento del combustible debido a la tensión en el Estrecho de Ormuz ha disparado el precio de los boletos aéreos a nivel mundial.

El conflicto ha generado además una crisis de conectividad, centros de conexión clave como Dubái, Doha y Abu Dabi han sufrido interrupciones operativas y cierres parciales de espacio aéreo. Esto afecta al 14% del tráfico aéreo internacional que transita por esta zona.

Por otro parte, se produjo un desvío de la demanda, se observa un desplazamiento masivo de turistas hacia destinos considerados «seguros», principalmente en la costa mediterránea de España, Italia y Portugal, que están absorbiendo el flujo que anteriormente se dirigía al Medio Oriente y Asia.

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