China, hogar de la Gran Muralla- una de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo- recibió 68 millones de llegadas internacionales hasta agosto de 2026 y generó cerca de 135.000 millones de dólares en gasto de visitantes, según reportes del sector turístico.
El motor fue la expansión de su política de entrada sin visa: para inicios de 2026, China había extendido su esquema unilateral de exención de visa a 48 países y las exenciones mutuas a 29, sumando a mercados como Francia, Italia y Australia.
En el primer trimestre de 2026, los extranjeros hicieron cerca de 8,32 millones de ingresos sin visa, lo que representó casi el 78% de todos los cruces de entrada de extranjeros y un alza cercana al 30% frente al año anterior.
Los mercados que más crecieron fueron Singapur, Malasia, Tailandia, Vietnam e India, junto a Asia Central y regiones de habla rusa.
El giro es notable porque durante años China fue uno de los países más difíciles de visitar, con trámites de visa largos y costosos.
La apertura responde a una estrategia doble: reactivar el consumo interno con divisas extranjeras y proyectar poder blando mostrando el país de primera mano, en un momento en que Estados Unidos y Europa endurecen sus propias fronteras.
De acuerdo a un informe de The China Expert News, el gigante asiático eligió abrir la puerta a los grandes mercados emisores de turismo del mundo sin pedir reciprocidad, una decisión que le da ventaja frente a destinos más restrictivos. La política se apoya en la infraestructura que China construyó durante dos décadas: trenes de alta velocidad, aeropuertos y ciudades conectadas que hacen el viaje fluido.
